Ví luz y entré (o como no curar diseño latinoamericano)

Esta semana se sucedieron dos hitos culturales de peso para el diseño argentino. Uno tuvo que ver con una inauguración en el Museo Moderno de una muestra orientada a la producción del sector indumentaria y textil en Argentina, con curaduría por parte del Diseñador y curador del Museo Franco Chimento y del artista plástico Raúl Flores. En el evento de apertura de la muestra, a sala llena, el artista plástico Flores expresó no tener ningún tipo de conocimiento sobre el patrimonio que se le había encomendado curar. El comentario se tomó con humor, el ambiente era amigable y, en general, las personas que forman parte del campo social del diseño tienden a pasar por alto este tipo de deslices. Me pregunto si lo mismo hubiese sucedido en cualquier otro campo, por ejemplo en un congreso de medicina donde alguien da una conferencia de 2 horas para decir que no tiene idea de lo que está hablando. La prensa, y en este caso Revista Ñ como medio auspiciante, decidió pasar por alto el elefante en la habitación ¿Cualquier persona sin el mínimo conocimiento de la disciplina puede hacer curadurías de diseño? La dinámica no es nueva, se repite de manera recurrente en Argentina y en el mundo.

El otro hito se anunció en un medio digital esta semana, y es que pronto se inaugurará una exposición en Alemania curada por una periodista argentina radicada en Berlín llamada El alma de los objetos. Una exposición que se posiciona desde el diseño para exponer artesanía y que se presenta rupturista por el único hecho de pasar por alto principios que componen el corpus de la disciplina del diseño Industrial a nivel global, muchos de ellos surgidos de la propia Alemania en la primera mitad del siglo XX. Esto nos invita a preguntarnos como colectivo de diseñadores ¿Porque alguien puede considerar rupturista presentar artesanía como diseño?. ¿Será que la ahistoricidad de la que hablaban algunos de los pensadores de la escuela de Frankfurt como Wolfgang fritz Haug nos hizo olvidar que muchas de las reflexiones que permitieron constituirnos como campus vienen de esa artesanía? y que, precisamente, el hecho de habernos escindido de ella hace que comprendamos al diseño de una manera y la artesanía de otra. Todas estas preguntas encuentran respuesta en un magistral párrafo de la Diseñadora Industrial y periodista Daniela Quintana para The Praxis Journal: “Luján Cambariere, a través de su trabajo como periodista, recorrió América y ahí comprendió que, ante la falta de industrias pesadas, el trabajo manual y la artesanía son la verdadera y legítima manera que tiene Latinoamérica de hacer diseño; ella expresa una fuerte convicción de que para destacar en el mundo no se debe imitar la tecnología europea sino apostar con orgullo por lo propio, dotando a los objetos cotidianos de un alma”.

Para ver si usted y yo, querido lector, vamos entendiendo bien, el concepto sería algo así como que el orgullo por lo propio (solo si somos latinoamericanos, no aplica a japoneses, coreanos, y estadounidenses) es no imitar la tecnología europea, un diseño industrial pero preindustrial, al que por todos los medios se evita llamar Artesanía. Tanto esta curadora como otras radicadas en el norte del mundo, pero que son voces latinoamericanas certificadas por el MoMA, suelen hablar de estos recortes como aportes a una mirada anti eurocéntrica con el bienintencionado discurso de querer recuperar lo mejor que los latinoamericanos podemos dar al mundo, que parecería no ser industria de calidad, sino artesanía con toneladas de narrativa encima para que el cuento cierre. El punto de partida de este storytelling es siempre que la industria en el sur del mundo se intentó pero fracasó. Más dramática se vuelve la situación cuando quienes replican estos discursos están al frente de cátedras de diseño de universidades nacionales y son formadores de los próximos diseñadores industriales, ¿Qué esconde este discurso de que la gran oportunidad es una latinoamérica desindustrializada que produce artesanías pintorescas para alemanes que nos venden autos de lujo? Todo el mundo parecería ir en el sentido contrario. Estas curadoras que, y lo repito muchas veces porque no es menos importante, viven y trabajan en y para el norte global, eligen cuidadosamente lo que se muestra de latinoamérica, vamos, que a nadie le interesa escuchar que en Argentina se fabrican respiradores y en Brasil aviones, mucho mejor contar que se hacen máscaras Chané y coloridas alfombras. En un paradigma donde efectivamente Latinoamérica se está primerizando y desindustrializando con todo lo que eso implica (salarios bajos, menor seguridad social, precarización, pérdida de perfiles con alto grado de capacitación, fuga de cerebros) este discurso no es nada inocente. Cuando alguien hace una curaduría para los museos de Berlín o Nueva York hay cierta voluntad de reflejar a Latinoamérica telúricamente. Algo tan absurdo como si desde el sur quisiéramos mostrar a Suiza no como un país industrial y una potencia financiera sino con Heidi corriendo por las praderas, es lindo en cuanto a narrativa, de eso no hay dudas, por otro lado no habría algo más distante de la realidad en términos de desarrollo.

Hace muchas décadas tenemos el desafío de llevar a la conversación pública un debate y es que así como es saludable que los ingenieros hablen de ingeniería y los médicos de medicina, la sociedad necesita escuchar diseñadores hablando de diseño, investigando, divulgando en las instituciones públicas y privadas con esa responsabilidad intelectual que solo te da saber que sos una voz entre tus colegas y con ese freno inhibitorio que hace que no te pares ante un auditorio como el curador de una muestra de diseño de indumentaria a decir que no sabes nada de diseño de indumentaria. Debemos empezar a poner en crisis discursos que confunden constantemente el diseño con otras cosas como el alma, el prana, el maná o la infinidad de incoherencias que uno tiene que leer de personas que no son diseñadoras pero publican sobre diseño como si de medicinas alternativas o la dieta de la luna se tratara persiguiendo únicamente el rédito, donde hay forma pero no hay fondo.

Argentina tiene una larga tradición en estas prácticas ¿Se imaginan una exposición de diseño donde en el equipo curatorial no hubo un solo diseñador? bueno, no se la imaginen, están por todas partes.

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